Los agricultores colombianos pasan de la coca al café con el apoyo de Starbucks


Por Linda Dahlstrom y Bonnie Rochman / Starbucks Newsroom

El ritual matutino de Alfredo Nuno ha sido el mismo durante los últimos 18 años: despertarse, moler granos de café, verter los granos en una prensa, dejarlos reposar en agua, tomar un sorbo, y sentir como el pasado y el presente convergen.

Es un momento de mucho respeto, dijo recientemente.

“Es el final de un camino muy largo en el que hay muchas manos, muchas vidas y muchas luchas involucradas para que tomar este vaso de café sea algo posible”, dijo Alfredo.

Nuno, que dirige el Centro de Apoyo al Agricultor Starbucks en Manizales, Colombia, uno de los 12 departamentos colombianos (similares a los estados de EE. UU.) y que abarca alrededor de 90.000 caficultores en la cadena de suministro de Starbucks, conoce los obstáculos que enfrentan los caficultores en el antiguo arte del cultivo del café. Él ha visto sus luchas y conoce sus historias.

Él sabe que muchos han vivido en áreas de conflicto, donde más de 200.000 personas han muerto y 5 millones han sido desplazados. Para algunos, la principal forma de ganarse la vida era cultivando hojas de coca, de tal manera que, si se reusaban a cultivar la hoja de la coca, sus vidas corrían peligro.

Colombia terminó los más de 50 años de violencia e insurgencia el año pasado cuando su principal grupo guerrillero, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), firmó el acuerdo de paz.

Desde que se llegó a este acuerdo entre la guerrilla y el gobierno, los agricultores tienen más libertad para elegir que hacer con sus vidas y decidir si pasar de las hojas de coca al cultivo de café es la opción que desean. Nuno y Starbucks se comprometieron a ayudarlos a tener éxito y lograr lo que se propongan en este nuevo camino de cultivar café.

El lunes, Starbucks anunció nuevos planes para apoyar a la próxima generación de cafeteros. Una alianza ampliada con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) tiene como objetivo proporcionar a 1.000 agricultores que viven en zonas del posconflicto, capacitaciones en temas de agricultura y programas de resiliencia climática, brindándoles acceso a la tecnología necesaria para ayudarlos a administrar de una mejor forma sus fincas. A esto se le suma una alianza con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en la que se plantea una iniciativa de préstamo agrícola por $4 millones que apoyaría principalmente a 2.000 mujeres caficultoras en Colombia.

Decir: “Vamos a dejar de cultivar hojas de coca y producir café, es un gran reto”, dijo Nuno. “Su máxima ganancia es su propia tranquilidad y autoestima y el no estar sujetos al chantaje y la presión”.

El lunes en el Centro de Convenciones Plaza Mayor en Medellín, Colombia, varios agricultores, incluidos los ex productores de la hoja de coca que ahora están cultivando café y especialmente una mujer productora de café, compartieron sus historias. Representantes de Starbucks, USAID, la Federación Colombiana del Café y el BID también hablaron.

En 2009, José, un Caficultor oriundo del pueblo de Cachumbal, decidió dejar atrás la vida marcada por el miedo y la ansiedad, producto de sus días como productor de hojas de coca. Para este entonces, había conocido a una mujer que también cultivaba coca, de la cual, José se enamoró. Decidieron hacer un cambio radical en sus vidas y comenzar a cultivar café con la esperanza de un futuro mejor, uno en el que se sintieran seguros construyendo una familia.

Para evitar posibles represalias de los grupos armados que los asechaban y a quienes entregaba las hojas de coca, José (su apellido no se usa por razones de seguridad) y su esposa se mudaron a otra región en Colombia para comenzar de nuevo. Ahora tienen una familia con dos hijas pequeñas y dueño de una finca cafetera en la actualidad. José recibe asistencia del Centro de Apoyo al Caficultor de Starbucks, en donde le enseñaron como administrar su finca cafetera de 10 hectáreas y a mantener una cosecha saludable y de una manera sostenible. Al principio, ganaba menos con el cultivo de café que con las hojas de coca, pero dice que su café ahora genera ingresos similares a lo que solía ganar vendiendo coca. “Sigo el camino del café”, dijo José, de 35 años, en el evento del lunes. “He descubierto que el cultivo del café es un estilo de vida más pacífico”.

Starbucks también está iniciando una alianza con el BID en Colombia, para otorgar préstamos destinados a beneficiar a 2.000 pequeños productores que cultivan café y que son parte de la Cooperativa de Caficultores de los Andes (Cooperandes), administrada principalmente por mujeres. Los préstamos los ayudarán a desarrollar en sus fincas cafeteras procesos de mejora en la calidad y productividad del café. Sin embargo, a muchos de los beneficiarios potenciales interesados en ser parte del Programa se les ha negad o cualquier tipo de préstamo o crédito, porque no tienen derechos sobre la tierra en la que están cultivando.

Alejandra Cadavid, una Caficultora de la región de Antioquia, proviene de una tradicional familia de cafeteros. Sus padres cultivaban café, pero tanto su madre como su padre murieron cuando Alejandra era un bebé. Criada por sus abuelos, quienes le enseñaron las labores detrás de un cultivo de café y además la impulsaron a que ella, a sus 20 años, se hiciera cargo de la finca familiar.

“Tenía que ocuparme de todo”, dijo. “Fue difícil para mí porque soy muy joven, pero también porque soy mujer”. El apoyo de Cooperandes y del BID, ayudaron a Cadavid encontrara el éxito en su emprendimiento con el negocio familiar.

“Estamos permitiendo que las mujeres tomen sus propias decisiones para su futuro”, dijo Nuno. Algunas de las mujeres que forman parte de la cooperativa son viudas de hombres que murieron en conflicto, al igual que el padre de Alejandra.

Durante décadas, en muchos lugares de Colombia profundamente afectados por el conflicto, la producción de café se detuvo. Ahora, “hay algunas áreas donde se puede ver que el cultivo del café se retrasó 50 años”, dijo Nuno. “Están utilizando técnicas viejas”.

En el Starbucks Farmer Support Center de Colombia, que abrió sus puertas en 2012, los cafeteros pueden analizar su suelo y obtener consejos de los expertos agrónomos sobre el fertilizante adecuado para su tierra, aprender sobre árboles resistentes a enfermedades y las mejores prácticas actuales, independientemente si trabajan o venden el producto a Starbucks o no.

Starbucks cuenta con Centros de Apoyo a los Caficultores en 9 regiones cafeteras de todo el mundo, dedicados a compartir información con los agricultores y a apoyarlos en su crecimiento. El objetivo de la compañía para 2020, es capacitar a 200.000 productores de café en mejores prácticas. El primer centro de soporte fue lanzado en el 2004 en Costa Rica.

“Lo hacemos porque es lo correcto”, dijo Nuno. “Nuestro trabajo es ayudarlos a mejorar para tener producciones en las que se utilice la capacidad total de sus tierras”.

Carolina Castañeda, Directora de la Oficina Europea de la Federación Colombiana de Cafeteros, reconoció el trabajo de Starbucks al ayudar a Colombia a “difundir el mensaje de consumo de café a nivel mundial”.

“Somos socios estratégicos en temas de sostenibilidad y esperamos poder seguir trabajando juntos”, dijo Castañeda.

Kelly Goodejohn, Directora de Abastecimiento Etico de Starbucks, dijo que apoyar a los caficultores ayuda a satisfacer una necesidad real de producir más café de alta calidad. La compañía es uno de los mayores compradores de café arábico colombiano en el mundo, considerado como el mejor café por la excelente calidad de este.

El cambio climático, las fluctuaciones del mercado y las plagas que causan enfermedades en los cafetos, hacen que los agricultores sean vulnerables y, cada vez más, lo que genera que la labor de cultivar café sea menos atractiva para las siguientes generaciones, afirmó Goodejohn.  Señaló que, a nivel mundial, la edad promedio de un cafetero es de 57 años.

“Starbucks está creciendo y por eso necesitamos más café de alta calidad”, afirma Goodejohn. Con el centro de apoyo y los programas para ofrecer préstamos a los agricultores, “tenemos un enfoque integral que ayuda a los productores de café a ver un futuro y una prosperidad que hace que la próxima generación esté dispuesta a dedicarse a la agricultura”.

Recientemente, en una charla desde el centro de soporte, los pensamientos de Nuno envuelven a aquellos con los que trabaja todos los días.

“Estamos tocando vidas en todos los extremos”, dijo, “desde personas que se encuentran frente al mostrador, hasta los que piden un café con leche al barista”.

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